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NATALIA SUBAT EJEMPLO DE SACRIFICIO ADENTRO Y AFUERA DE UNA CANCHA

Humilde y de perfil bajo. Supo adaptarse a lo que le pedía cada plantilla que integró y eso la volvió una gran pieza. Vistió la celeste blanca, jugó argentinos para Capital y se codeó con la gloria en la Metro. Hoy en el Hospital Argerich se le planta al Covid-19 y ayuda a salvar vidas. Detalles

Cuesta que le entre un elogio a Natalia Subat. No los cree. Lo de ella es el perfil bajo. Trabajar, esforzarse y apuntalar al resto. Lo que hacía en el parquet volcado a la vida diaria. A comienzos de año no se imaginaba que a esta altura del 2020 iba a estar cara a cara con la pandemia, sin bajar los brazos, dándolo todo… como fue su transitar en las canchas.

Si bien el básquet es un romance del cual no se despega siendo kinesióloga del plantel profesional de Lanús, el coronavirus la puso en una escena impensada. Todo un desafío. Pero en personas como ella los retos alimentan el motor del alma, y si además se le suma vocación de servicio y profesionalismo, el combo se vuelve irresistible.

Entre guardia y guardia quien supo vestir los colores de Lanús, 9 de Julio, Estrella de Berisso y Temperley; además de formar parte de varios procesos de Selección Argentina y de Capital Federal, se prestó a un mano a mano con Pick and Roll y a continuación lo más saliente de esa charla:

-Para algún desprevenido, ¿Cómo entra la kinesiología en la lucha diaria contra el Covid-19?
“Mucha gente desconoce y con la pandemia se comenzó a valorar mucho más, la incumbencia de la Kinesiología Respiratoria, Motora y la Intensivista”.

“En la primera, el kinesiólogo se dedica, junto a los médicos, a monitorear los parámetros basales y decidir sobre la oxigenoterapia, las interfaces (cánulas/máscaras) y con qué posiciones puede mejorar la oxigenación en un paciente. Existen muchas intervenciones terapéuticas, que con este contexto no se están utilizando por lo riesgoso que es para el personal de salud, pero que son de incumbencia kinésica como la indicación de ejercicios respiratorios, técnicas de movilización para asistir a la tos y a la higiene bronquial, aplicación de medicación como puff, entre otras”.

“La Kinesiología Motora en este contexto básicamente se trata de rehabilitar a los pacientes que sufren el Síndrome Post terapia intensiva, que deja secuelas graves y generan que una persona se recupere de manera muy lenta. En los casos más graves o que requirieron de una permanencia muy prolongada en Terapia Intensiva se trabaja desde movilizaciones en cama, que tolere estar sentado y lentamente se les vuelve a enseñar a caminar”.

“En casi todos los Hospitales, junto con el equipo de nutrición y Fonoaudiología, se tratan a los pacientes que padecen de Disfagia (alteración de la deglución) que es producida generalmente por el tiempo prolongado de uso del tubo endotraqueal. Y dentro de la especialidad de intensivismo, el kinesiólogo se dedica (en conjunto con el medico intensivista) al manejo del respirador, y maneja casi exclusivamente sus parámetros y valores. También a la higiene bronquial, aspiración de secreciones, asiste en las intubaciones y extubaciones”.

Cómo te llegó esta oportunidad de sumarte al Argerich? ¿Dudaste o te dio miedo?
“La posibilidad llegó luego de que la busqué un par de veces. Estuve casi dos meses sin poder trabajar y tuve bastante tiempo de ocio que jamás había tenido. Cuando empezó todo esto estaba desesperada buscando de qué manera poder ayudar si todo explotaba, así que hice capacitaciones online, saque los libros de la facultad y empecé a mandar mi CV cuando se pidieron refuerzos en los hospitales. No lo dudé y no me arrepiento para nada, fue una de las mejores decisiones que pude haber tomado”.

“No tuve miedo hasta la primera guardia de noche, cuando me puse todo el equipo y entré por primera vez sola. Me acuerdo que me acerque de más a un paciente porque no llegaba a leer el valor de oxígeno y mi pantalón toco la cama del paciente. Es la única parte donde no me llega el equipo de protección personal, serán 15 centímetros de mi pierna. Me quedé helada por unos segundos. Con el tiempo normalizas esas cosas, aun siendo muy muy cuidadoso con todo”.

-Más allá de que te especializaste para el lado deportivo, en el día a día ahora contra el coronavirus, ¿Podés trasladar situaciones que aprendiste con el básquet a la jornada o al trato con los pacientes?

“El trabajo en equipo es clave. Constantemente en las guardias uno quiere ayudar al otro que ve cansado, y en ese sentido hay mucho compañerismo. Si bien me dedico a la rehabilitación deportiva, si hay algo que caracteriza a mi profesión es a tener empatía con la gente”.

“Sabes que estas aportando tu granito de arena en mejorar la calidad de su vida. Es muy gratificante el ida y vuelta, ver como evolucionan. En el hospital, la realidad es más dura, y te obliga a envolverte en una coraza. Sabes que los pacientes críticos y con esta enfermedad son muy cambiantes y te preparas psicológicamente para no involucrarte. Sobre todo en el ambiente público, donde las realidades son bastante diferentes a las del ambiente privado”.

“El deporte tiene mucho de eso: de aprender a ponerse en el lugar del otro, a poder convivir con un grupo de personas, a formar un equipo con objetivos en común”.

-¿Algún caso te movilizó o te quebró de todos los que imagino has vivido?
“La verdad es que todas las semanas hay casos, donde llegas y preguntas por algún paciente de terapia ya sabiendo que es probable que no siga estando. Es duro, porque muchas veces es gente joven o no tan jóvenes, pero te cruzas a los familiares en el pasillo y es fuerte”.

“Yo estoy la mayor parte de horas en una sala de recuperación de pacientes Covid, donde la mayoría ya superaron lo peor y vamos viendo como lentamente mejoran. Pero hay casos que no, que las secuelas son muy importantes y te parte un poco saber que no están mejorando, que hace meses están postrados, que apenas se pueden comunicar. Es ahí donde cada pasito que damos, como al menos sentar a esa persona, es un avance enorme”.

-¿Cómo era tu vida antes del Covid y cómo se alteró ahora que la peleas cara a cara?
“Mi vida era vivir corriendo de un trabajo a otro. Literalmente. Esto nos paró a cero. Nos hizo bajar mil cambios. En mi caso personal, hizo que vea a mi profesión con otros ojos. Expuso lo lindo pero también lo no tan lindo que tiene, como el sistema de salud en el cual estamos inmersos, las condiciones laborales y las malas remuneraciones. Pero lo bueno es que te obliga a reinventarte, y en mi caso, poder ayudar desde un lugar que antes no imaginaba hacerlo”.

“Obviamente, es el día a día, pensando cada vez que me toco la cara… cosa que creo ya lo dejé casi de hacer. Cada vez que te enteras que un compañero se contagió. Cada vez que un paciente del consultorio me avisa. Uso dos ambos por día… me tuve que conseguir todos los elementos de protección personal. En fin, es algo constante en lo diario. Te acostumbras a las cefaleas, eso seguro”.

-Jugaste en la Selección, fuiste pieza clave de Lanús varios años y nunca perdiste el foco en el estudio… ¿Cómo administraste los tiempos?
“Los primeros cuatro años de la carrera estaba jugando a un nivel importante. Los años que concentré en algún proceso me acuerdo de haber salido a rendir un parcial y volver. Esos fueron los más difíciles”.

Llevé a pasear por todo el país a todos mis apuntes de la facu. De hecho, hasta en un viaje, llevé el cráneo que usaba para estudiar ya que tenía que rendir el examen práctico de anatomía apenas volvía”.

“Siempre tuve el apoyo de mi familia que corría para llevarme y traerme. Me acuerdo que un año los entrenamientos de la Selección de Capital eran en Sunderland a las 14, y yo salía de cursar a las 13. Me pasaba a buscar mi vieja con un sándwich en el auto mientras me cambiaba y vendaba como podía”.

“Ya los últimos dos años de la “facu”, por un lado aflojé la exigencia con el básquet y le metí mucho más al estudio. Me fui enamorando más de la carrera y empecé a trabajar”.

-¿Qué mensaje les das a las chicas que están por terminar el secundario y dudan si seguir o no estudiando?
“Yo creo que esta bueno saber de antemano a qué te gustaría dedicarte. Yo sabía desde chica que mi orientación iba por la medicina, luego de tantas lesiones y una cirugía de rodilla. No tenía dudas de que era kinesio. Después, la carrera podes elegir hacerla más lenta. Yo quise hacer todo rápido y por eso relegué el básquet algunos años”.

“Pero para nada te determina como profesional el día de mañana lo que tardes en terminar una carrera. Hoy en día tenemos el ejemplo de Nacha Perez, con la cual compartí varios años en Lanús jugando y también atendiéndola”.

“Hoy es una profesional de la salud, con muchísimos años en la Selección Nacional y desarrollándose en Europa. Es un gran ejemplo de perseverancia. No hay límites, ni de tiempo, ni de capacidad cuando tenes los objetivos claros”.

fuente: pickandrol.com.ar

 

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