Luka Doncic clavó un triple demoledor en la cara de James Harden a un minuto y medio de la conclusión, dando la máxima ventaja de la noche a unos Dallas Mavericks que bajaron al barro para asaltar a Los Angeles Clippers en L.A. por 93-96 y birlar la ventaja de campo con el empate 1-1 en el bolsillo, rumbo a Texas.
El esloveno anoche tuvo otra exhibición con 32 puntos, 6 rebotes y 9 asistencias en 46 minutos para comandar el luchado, sufrido y merecido triunfo de los suyos en el Crypto Arena, que les permite recuperar el pulso en la serie.
Kyrie Irving, de la misma manera, apretó los dientes y aprovechó cada una de las concesiones de la defensa para sumar 23 puntos, 6 rebotes, 3 asistencias y 3 robos, recordando una vez más que la fórmula con Doncic puede funcionar a las mil maravillas.
La falta de puntería, con un pobre 8 de 30 desde la larga distancia, condenó a los locales frente al 14 de 33 de los rivales, mucho más enchufados anoche. Entre ellos, destacó también la aportación de banquillo de Maxi Kleber (6 puntos y 6 rebotes), felicitado efusivamente por su líder tras un triple suyo que aclaraba el paisaje de los Mavs en el último período.
Aún así, la ventaja de Dallas al descanso era escueta, con un 41-45 más propio de la Euroliga en el marcador. Los Clippers reaccionaron en el tercer cuarto, y sacaron de quicio a un Doncic que se llevó la técnica al final del período. El tiro libre adicional tras el arrebato del esloveno lo acertó Harden, que le dio una ventaja de 66-65 a los locales para empezar el cuarto definitivo.
MINNESOTA NO DEJÓ DUDAS EN CASA PARA PONERSE 2-0
Los Wolves ya no sólo aúllan, si no que muerden. Ya no sólo se oyen, si no que se dejan ver, emergiendo de la oscuridad de su largo letargo de 20 años sin superar una primera ronda de playoffs, esa oscuridad en la que se aisló en la soledad como terapia durante 64 horas para volver a ser él Rudy Gobert tras su difícil primer año en Minny, santo y seña el francés de la mejor defensa de la NBA, paradigma de la metamorfosis de un año para otro de Minnesota. Esos Timberwolves que se zamparon para poner el 2-0 en la serie a los Phoenix Suns de Durant, Booker y Beal a los que amenazan con no dejar ni sus restos (105-93).
Los Lobos salieron en manada a por los Suns con un parcial de 8-0 y los acabaron pisoteando con una ventaja que terminó rozando los 20 puntos en los últimos minutos antes de que Phoenix, en ese gesto de capitulación que sabe a humillación, acabaran sacando a la cancha a sus suplentes después de que todas sus estrellas se estrellaran además de que Grayson Allen tuviera que abandonar por lesión.
Ni Kevin Durant, ni Devin Booker, ni Bradley Beal. Todos ellos acabaron siendo presas de la coral defensa de los Wolves hecha para depredar astros, quedándose KD en esos 18 puntos con un 6/15 en tiros de campo, Book en 20 tantos y un 6/13 en lanzamientos y Beal en 14 y un 6/17 en tiros de campo. No hubo casi ni rastro de ellos en el último cuarto, con un combinado de 7 puntos. Flaco favor se está haciendo a sí mismo Durant para librarse con otro anillo de esa narrativa que le acusa de sólo haber sido capaz de llegar a lo máximo con un sistema ya formado como el de los Warriors.
Pero la realidad es que a todo esa frustración y desacierto les están sometiendo los Timberwolves con su apasionada e inteligente defensa y su encomiable estilo coral, sin ninguna anotación individual llamativa para lo que es la NBA hoy pero hasta seis jugadores en dobles dígitos con 25 puntos para Jaden McDaniels, 18 para Rudy Gobert y Mike Conley, 15 para Anthony Edwards, 12 para Karl-Anthony Towns y 10 para Nickeil Alexander-Walker.
Los Lobos devoraron a unos zorros del desierto que no fueron ni eso. La sequía de títulos amenaza con seguir en las dunas de Arizona.

