Tras prender la mecha con el debut de Victor Wembanyama en el acontecimiento, el All Star de la NBA continuó con los fuegos artificiales del duelo rompedor Curry-Ionescu y la repetición de la inspiradora historia de Mac McClung en el concurso de mates. Pero acabó con la pólvora mojada en la que se suponía ser la traca final. La aplastante victoria del equipo del Este ante el del Oeste por un escandaloso 211-186, del de los Antetokounmpo, Tatum, Lillard y Brown ante el de los LeBron, Curry, Durant y Doncic, no fue más que una alineación de estrellas atenuadas, entre las que, si alguna se dignó a brillar más, esa fue el MVP Damian Lillard, con 39 puntos y 11 triples, desde media pista incluidos. Aunque el máximo anotador fue Karl-Anthony Towns con 50, los mismos que Jayson Tatum el año pasado. Otro premio para Dame tras el del concurso de triples.
Los 168 triples tirados -67 encestados-, y las escasas 3 faltas cometidas miden el espectáculo un tanto improcedente de la clase alta de la liga, al tran-tran como el que se sienta perezoso en el sofá una tarde de domingo. El partido del All Star no fue más que un pasatiempo para lidiar con el aburrimiento de un final de fin de semana, con tanto desgano los astros como cualquiera que ve el lunes en el horizonte.
Ese momento en el que Towns contemplando como Anteto recibía bajo el aro pese a estar a centímetros de él o ese momento en el que dejaron a Luka Doncic tirar un triple a una mano lo dijeron todo. El esloveno tampoco se lo tomó con mucho entusiasmo: 7 puntos con un 3/10 en tiros.
Ni siquiera los fans parecen creerse ya el cuento después de que el año pasado las cifras de audiencia televisiva tocaran fondo: más vítores cuando aparecieron Julius Erving y Allen Iverson en pantalla que con el partido en sí. El toque de atención de Adam Silver en público a las estrellas meses antes del All-Star no fue tomado en serio. Kawhi Leonard y Paul George, 5 y 13 puntos, podrán decir por lo menos que son unas pupas y se tienen que cuidar.
Entre lo más entretenido de tal partido con mucho de tostón y poco de emoción, LeBron marcando el récord de participaciones del evento con 20 y fallando un alley oop, ver al tridente que Estados Unidos pretende desplegar en los Juegos Olímpicos en busca de salvar su honor -el propio LeBron, Durant y Curry-, o los 32 puntos del anfitrión Tyrese Haliburton y los 36 de Jaylen Brown, de los pocos que se lo tomó en serio. Su chillón “esto no es baloncesto” tras la pantomima del año pasado retumbó en el Gainbridge Fieldhouse. Si Indianápolis es una ciudad aburrida según sus lugareños, el partido del All Star la hizo aún más.
El All Star 2024 bate varios récords: puntos, triples y otro miembro en el club de los 50
Hubo vuelta a lo clásico pero no a la competitividad. La pachanga en el All Star Game 2024 volvió a bordear lo infame y hasta los récords de la cita en la presente edición ilustran todo lo que está mal del formato en la época contemporánea de la competición. La victoria de la Conferencia Este por 211-186 deja varias plusmarcas del evento, y no menores.
Para empezar, se trata de la máxima puntuación de un equipo en un All Star, superando holgadamente el anterior récord establecido en 2016 por la Conferencia Oeste. De 196 a 211 puntos. También, entre ambos bandos, superaron el tope de puntuación total en un partido de las estrellas, superando una cifra de 2017. De 374 a 397 puntos.
La victoria del Este llegó además con récord de dianas de tres. 42 en total para superar el anterior registro del Team LeBron en 2019.
A nivel individual, no fue el MVP Damian Lillard quien batió marcas de la gran fiesta del baloncesto NBA. Fue Karl-Anthony Towns, pívot de los Minnesota Timberwolves, en el equipo perdedor, quién se hinchó a canastas hasta irrumpir en una lista exclusiva de anotadores de 50 puntos. Solo él, Jayson Tatum, Stephen Curry y Anthony Davis han superado la barrera del medio centenar en un partido de las estrellas.
El interior, además, estableció el nuevo récord de puntos individual en una sola mitad, sumando 40 tantos en la segunda parte de la edición de 2024.
Quedan ya pocos remansos de partido de baloncesto serio, por no decir ninguno, en el All Star. Es una pachanga, y quien quiera otra cosa lo tiene difícil de aquí en adelante. La NBA como organización, que esta en este segundo grupo, busca sin éxito la manera de recuperar la competitividad de un evento que ha quedado para el divertimento, las redes sociales y los récords sin alma.

